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Convocatoria Segunda Ruta XVI Jornadas de Senderismo Maleno

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domingo, 5 de noviembre de 2017

Alpujarra viva: Por el Barranco del Poqueira en otoño


Después de muchos meses sin llover y con la lógica falta de agua, Sierra Nevada estaba resentida, sigue estándolo, ya que la inercia de la escasez de agua es difícil de superar.
El sábado hubo generosa y refrescante lluvia, y la Madre Natura no tardó en agradecerlo. Regueros abundantes, acequias repletas, rio crecido, vegetación limpia, reluciente, con sus mejores refrescantes galas de tonos verdes, marrones y rojos. Y es que además, estamos y aunque no lo parezca, en pleno otoño, y la sinfonía de color no se ha hecho esperar, sencillamente ha explotado.
Además, este domingo, 5 de noviembre, con una ligera bajada de temperaturas, un cielo limpio, de principio y un sol radiante, ponian en el ambiente todos los ingredientes para disfrutar de una hermosa jornada de senderismo planteado por un entorno de privilegio, el barranco por el que transcurre el rio Poqueira que baja de las ahora nevadas cumbres de la sierra, marco genial al paisaje por el que nos aventuramos a caminar.


Eran algo más de las 9 de la mañana, cuando empezamos nuestro andar desde el aparcamiento de Pampaneira, con un relajado y silencioso paseo por estrechas callejas, todavía adormecidas como preparándose para el bullicio que presagiaba la buena jornada.
Nos planteamos subir a Capileira por la orilla derecha del rio Poqueira, aprovechando el trazado perfectamente señalizado de los senderos PR A-410 y PR A-70.


Subir, subir, subir, pasando en primer lugar por la subestación eléctrica de Pampaneira donde tomamos claramente el sendero que ya no habremos de dejar hasta la vuelta.
Tramos de fuerte pendiente, piso de piedra suelta, precauciones a tope, buen calzado y dos bastones para sentirse más seguro. Ropa por capas, agua suficiente y avituallamiento en la mochila.
Paradas cortas, breves, las justas para recuperar el aliento, sacar la foto de recuerdo e ir cogiendo conciencia de como vamos ganando altura, casi sin darnos cuenta.

Vemos ir quedándose a nuestros pies, aún en la sombra a Pampaneira, aparece en el horizonte la iglesia de Bubión y vemos las nevadas cumbres de la Sierra. ¡Qué maravilla!


Al par que paulatinamente cogemos altura vamos acercándonos al nivel de Bubión, bien soleado, que va apareciendo como por el arte de la magia del ascenso, asomando los picos de los tejados de la iglesia, luego las casas, primero un poquito, luego completas.
Más esfuerzo, más pasos, más sudor y ya estamos en frente de Bubión, incluso lo superamos en altura, pudiendo tener y empezar a disfrutar de una perspectiva completa de su extensión.

Desde el primer momento hemos caminado rodeados de densa, espesa y colorida vegetación de todo tipo. Las huertas minúsculas y mimadas por el agricultor alpujarreño, colosales álamos blancos y negros, moreras, recios nogales y gigantescos e impresionantes castaños, retorcidos y centenarios.
Caminar por una alfombra mullida de multitud de hojas y de erizos de castañas es todo un placer, que se ve acrecentado a partir de cierta altura por abundantes encinas, chaparros y robles.
Marrones de todas las tonalidades e intensidades, ponen el contrapunto con las rojas pinceladas de los cerezos y el anaranjado color de caquís sin hojas pero con agarrados y llamativos frutos.

Seguimos subiendo, ahora Bubión se queda atrás y abajo, vamos estando ya a la altura de Capileira, que tenemos cerca pero a la vez tan lejos, al otro lado del cortado barranco. El sendero asciende sepenteante, atravesando eras, cuadras y típicos cortijos abandonados, testigos mudos de otras épocas pasadas pero más cargadas de esplendor.

Termina, de momento el ascenso, mantenemos la cota de nivel y empieza el descenso a veces por túneles espesos de densa y sombria vegetación, hasta llegar, por fin hasta el Puente Chiscal que nos permite superar el rio Poqueira y pasar al otro lado, a la orilla izquierda del rio. Este es un buen punto para tomar un ligero refrigerio y un buen trago de agua, acompañados del sonoro concierto de las aguas bravas del Poqueira que se precipita impetuoso como corresponde a su curso alto.


Volvemos a subir por una amplia y bien cuidada senda, alpujarreña escaleruela hasta Capileira. En poco trayecto hemos cogido la altura perdida y nos sentimos aleteantes pájaros. Regueros contínuos, acequias que al saltos se precipitan y mansas fuentes, que riegan colosales álamos y descomunales castaños.
Pronto, y en la lejanía, sentimos de menor a mayor el bullicio de gente, voces y gritos descompasados sin ton ni son, que nos despiertan a la urbana realidad, rompiendo el silencio natural que veníamos disfrutando para llevarnos casi de golpe, a la consciencia de que nos acercamos a la turística Capileira, a la que entramos por una dura y empinada cuesta.

Aparece en la escena, de improviso, un viejo agricultor montado en su burra, ambos vestidos a la vieja usanza y acompañados del perro que, a modo de guía, avanza delante y de unas cuantas sumisas cabras pegadas atrás. Todo el cortejo pasa indiferente a tanto jaleo, como si no fuera con ellos. Cabalga y se le ve como ensimismado en su pensamiento, haciendo lo que siempre ha hecho, trabajar y vivir de la tierra aferrado a ancestrales costumbres que no quiere abandonar a los ajetreados y banales signos de estos tiempos.


Sin mucha demora y entre una riada de visitantes, atravesamos Capileira ansiosos por tomar ahora en franco descenso el muy bien cuidado sendero que va hasta Bubión al que llegamos casi sin darnos cuenta. De nuevo, poco a poco, vuelve la paz al camino.


Llegamos ahora a Bubión, el más desconocido de los pueblos del barranco del Poqueira, muy bien conservado, limpio y reluciente, con antiguos lavaderos y multitud de fuentes, construcciones que mantienen el típico hacer alpujarreño, remanso de paz y de tranquilidad, lejos, por ahora del estresante ajetreo que impone la turística horda. Sin levantar la voz, como si nos adentrasemos en un santuario, recorremos plácidamente extasiados sus calles y plazas, saboreamos el agua de sus fuentes y hacemos una reconfortante parada en el Café Bar Restaurante FuenteFría que nos ofrece una sabrosa ensalada y un contundente plato alpujarreño terminado con unas peras al vino que hacen olvidar todas las posibles penurias. Sin lugar a dudas, nos atrevemos a recomendar este lugar.

Ya fortalecidos, de vuelta al sendero, para sin más dilación bajar hasta Pampaneira, otra localidad llena del bullicio de estos tiempos. Gente por todas partes se pasean de acá para allá, faltos de rumbo, por sus bellas callejuelas, atravesando tinaos llenos de gatos que de tanto asustarse ya ni se espantan, montones de tiendas que ofrecen típicos productos de la Alpujarra: jarapas, prendas de piel, vino de la Contraviesa, frutos del otoño y chocolate, rico y sorprendente en raros sabores.
Y es que hasta último momento, por un motivo u otro, no hemos dejado de maravillarnos, de extasiarnos o de quedarnos alegremente boquiabiertos.


¡¡¡Hay que volver por esta eterna Alpujarra!!! 

 Datos de la ruta:
- 3 senderistas, la perrita Balto y su amiguito el Prenda que se nos pegó en el camino.
- Recorrido: Circular, 12,31 kms
- Grado de dificultad IBP: 74, Media-Alta. Ver más datos IBP aquí>>>
- Tiempo en movimiento: 3:56 min
- Ascenso total: 740 m
- Descenso total: 724 m
- Media en movimiento: 3.1 kms/h

Perfil y track del recorrido:

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